lunes, 7 de marzo de 2011

NÚÑEZ CEDEÑO, R. 1980. La fonología moderna y el español de Santo Domingo. Santo Domingo. Editora Taller.



Reseñado por Luis Cuéllar

Antes de pasar a reseñar el presente texto, consideramos conveniente hacer un alto en la ingente y productiva labor investigativa del Dr. Rafael Núñez Cedeño (lingüista dominicano, actualmente radicado en la ciudad de Chicago, USA).
Magíster en Literatura Hispánica (por la New York University), Ph.D. en Lingüística Hispánica (por la University of Minnesota), ha desarrollado numerosos estudios en universidades dominicanas y estadounidenses. Su labor investigativa dentro de la lingüística generativa hispánica, lo condujo a ser co-fundador y co-editor de prestigiosas revistas en República Dominicana (Cuaderno de Poética), Venezuela (Fonos) y Alemania (Probus: International Journal of Latin and Romance Linguistics). Dicha labor se patenta en una incansable y acuciosa reflexión sobre la fonología generativa, la morfología y la pronunciación en el Caribe hispánico -muy particularmente, entre el español dominicano y el creole haitiano- como contribuciones, todas ellas, a las teorías de la lingüística moderna. De igual forma, Núñez Cedeño ha sido invitado a dictar conferencias, presentar ponencias en Congresos y Simposios internacionales en diversas universidades latinoamericanas y españolas. Su amplia trayectoria, así como su renombre como especialista de la moderna lingüística hispánica, le han valido una serie de galardones y premios académicos, entre los que destaca el alto honor de ser Miembro de la Academia  de Ciencias de la República Dominicana. En la actualidad, este insigne profesor forma parte del cuerpo docente de la Universidad de Illinois, USA.
Sin duda, toda una carrera digna de los más altos calificativos laudatorios que un investigador pueda merecer. Fruto de esa afanosa actividad en materia de lingüística hispánica, a finales de los ‘70 y comienzos de los ‘80, publica su libro La fonología moderna y el español del Santo Domingo. Representa este estudio, el primer libro editado de Núñez Cedeño. Ya en 1979, un año antes de dicha publicación, el texto había sido galardonado en la República Dominicana con el Premio Siboney (en la categoría de Ensayo).
La obra es presentada por su autor como un “abono de formulaciones teóricas y empíricas de algunos puntos de interés y como punto de partida para la elucidación de las generalizaciones que se han hecho en otros dialectos hispanoamericanos” (p.12), constituyéndose, así, en un valioso aporte a los estudios que en materia de fonología sincrónica y descriptiva se han venido realizando sobre la lengua española en el Caribe.
Núñez Cedeño se basa en la entrevista y el cuestionario como técnicas de recolección de datos; sus informantes fueron seleccionados entre los hablantes de la capital Santo Domingo (bajo los criterios de sexo, grupo etario y grupo socio-económico). Tanto el cuestionario de Navarro Tomás (1945) como el de Buesa y Flores (1954) le sirvieron de base metodológica para poder diseñar el suyo propio. 
Basado, pues, en la observación de los contrastes fonéticos de las consonantes, sobre todo de las nasales, Núñez Cedeño menciona en este libro algunos estudios precedentes en relación con el análisis de la formación de las nasales velares (Henríquez Ureña (1940), Navarro Tomás (1948) Malmberg (1950), Lacayo (1954), Stockwell, Bowen y Silva-Fuenzalida (1956), Chomsky y Halle (1968), Harris (1969), Alvarado de Ricord (1971), Zwicky (1972) y Jiménez Sabater (1975), entre otros), sin embargo, aclara que todos ellos “concuerdan en que la nasal se hace velar a final de palabra, pero adolecen de no caracterizar adecuadamente el proceso ni determinar con análisis riguroso de estilos si el fenómeno se mantiene en todos los contextos” (p.52), es decir, dichas investigaciones “[...] aunque iluminantes en detalles, no le ofrecen al lector una base firme para hacer una generalización adecuada del proceso fonológico ya que todos fallan al no presentar evidencias de los diversos contextos situacionales” (Idem).
Por tal motivo, la novedad de este estudio fonológico radica en que su autor examina todos los contornos de la nasal en límite de sílaba y de palabra; utiliza cuatro estilos diferentes de dialogación (lento, moderado, rápido y espontáneo) –en vez de tres, como algunos de sus predecesores ya antes habían propuesto- para realizar su detallada y rigurosa pesquisa fonética a través del cuestionario como técnica de campo. Asimismo, recurrirá a los planteamientos de la teoría unidimensionalista (ligada a las estructuras económicas que estratifican jerárquicamente a los individuos) para establecer las variables fonéticas dentro de un determinado grupo social.
Esa propuesta de elevar a cuatro los estilos de pronunciación, aclara Núñez Cedeño, no se debe a una elección arbitraria, sino justificada en las observaciones que en la década de los ‘60 hiciera el fonetista español Navarro Tomás en referencia a la rapidez con que se habla. Así, la pronunciación, en este caso de las nasales, está supeditada al estilo particular que se emplee en su ejecución. La reflexión en torno a la presencia de varios estilos, busca describir hasta qué punto los procesos de modificación y asimilación de nasales están gobernados por la velocidad del habla. Al final, indica, aunque haya diferencias en dichos procesos, las reglas entre los estilos lento-moderado y rápido-espontáneo, respectivamente, guardan una muy estrecha relación.
Para Núñez Cedeño, el proceso de asimilación de la nasal alveolar n en el dialecto dominicano es sumamente interesante desde el punto de vista del contorno silábico en la fonología generativa; particularmente, por su trascendencia empírica y teórica en esta disciplina lingüística.
Partiendo de la especificación del fonón distintivomenos coronal [-coronal] que Harris (1969) propusiera para la formulación de reglas de asimilación de nasales españolas, Núñez Cedeño define una serie de reglas para caracterizar las consonantes alveolopalatales como positivas, como fonones “más coronal” [+coronal], basado en las descripciones estructurales de fonones que hicieran Chomsky y Halle a finales de la década de los ‘60.
No obstante, hay un caso de asimilación de nasales que propicia una discusión novedosa en La fonología moderna y el español del Santo Domingo. Se trata del proceso de formación de velar de n ante otra nasal. Se plantea aquí una situación en la que las reglas identificadas por Núñez Cedeño, para los otros casos de asimilación, no serían ahora funcionales o aplicables. Dada esta situación, el autor formula la noción de Condición de otra parte de Kiparsky (1973) para aplicar una regla disyuntiva que describa, a manera de subregla, la naturaleza del proceso de asimilación entre nasales. Analizadas las principales ideas que conforman el pensamiento teórico de La fonología moderna y el español del Santo Domingo, creemos necesario culminar nuestro comentario con un fragmento del propio texto en el cual se resume la visión general de la obra; no sólo por la advertencia que las posibles limitaciones metodológicas de sus predecesores y del mismo autor pudieran generar, sino –lo que consideramos más meritorio aún- por la humildad científica de las palabras de un hombre de la talla de Núñez Cedeño, un lingüista que, además de los galardones ya anteriormente mencionados, ha obtenido el Premio Pedro Henríquez Ureña y el Premio Nacional en Ciencias Sociales de la República Dominicana:



[...] hay que dejar por sentado que estos análisis, incluyendo el nuestro, parten de datos observados de modo impresionista. Quizás investigaciones posteriores, posiblemente con aparatos registradores, podrán sustanciar o poner en jaque el análisis que hemos propuesto (p.62)

TRUBETZKOY, NIKOLAI SERGUÉIECH. 1973. Principios de fonología. Buenos Aires: Cincel. 271 pp.







Reseñado por Luis Cuéllar


        Publicada póstumamente (1939) por el Círculo Lingüístico de Praga, Principios de fonología constituye uno de los pilares teóricos fundamentales en el desarrollo de la fonología durante el siglo XX.
   Obra que plasma las investigaciones del fonólogo ruso Nikolai Trubetzkoy, su versión española es editada en 1973 (traducción de Delia García Giordano, con la colaboración de Luis J. Prieto) y significó desde entonces un valioso aporte para los lingüistas del mundo hispano, quienes pudieron, de esta forma, acceder más fácilmente a la teoría fonológica en relación con el fonema como identidad lingüística de los sonidos de una determinada lengua. Sobre la importancia de la traducción y vigencia del libro dentro de la fonología estructural y las ciencias del hombre en general, Luis J. Prieto señalará lo siguiente en el prólogo de dicha edición: “La publicación en español de los Principios de fonología constituye pues un acontecimiento cultural y científico de importancia” (p. XXVII).
      Básicamente, el texto se fundamenta en el establecimiento de la estructura oposicional de los sistemas fonológicos de una amplia lista de lenguas indoeuropeas, asiáticas y amerindias. Aunque el autor contó en la recolección y descripción del corpus de estudio con la colaboración de lingüistas de diversas localidades del mundo, no cabe duda que asombra el grado de especificidad y meticulosidad con que particularmente aborda el análisis de los datos obtenidos en dichas lenguas. Al respecto, reconoce los aportes de sus colegas del Círculo Lingüístico de Praga, así como los suministrados por la lingüística fonémica norteamericana (Franz Boas, Edward Sapir, Leonard Bloomfield). 
         Sin embargo, nos llama poderosamente la atención -sin ánimo de menoscabar la impronta trascendental que la obra de Trubetzkoy representa dentro de la lingüística del siglo XX- el hecho de que no reconozca filiación con la Escuela de Baudouin de Courtenay ni haga mención alguna a quien fuese el colaborador más destacado de este lingüista polaco, fundador de la llamada Escuela de Kazan (Rusia central, finales del siglo XIX y comienzos del XX), nos referimos a Mikolaj Kruszewski. Hay evidencias de que sí existió una vinculación entre las enseñanzas de la Escuela de Kazan y quienes serían los fundadores del Círculo Lingüístico de Praga (Stephen R. Anderson 1990). Interesante es la opinión que al respecto Trubetzkoy nos ofrece en la introducción de su ya clásico texto: “[...] tres sabios rusos (de los cuales casualmente ninguno pertenecía a la Escuela de Baudoin de Courtenay) [...] fueron R. Jakobson, S. Karcevskij y el autor de la presente obra” (p.4). En todo caso, no cabe duda de que tanto Trubetzkoy como Jakobson llegaron a mencionar, años más tarde a la muerte de Courtenay, los estudios descriptivos del sonido que venía realizando, de forma colectiva, esa escuela lingüística rusa.
        Principios de fonología explicita la pertinencia de las diferencias fónicas en las lenguas antes mencionadas, con la clara intención de establecer una separación teórico-metodológica entre la fonología y la fonética como disciplinas lingüísticas que, si bien están en estrecha relación, plantean valores de análisis en el plano de la lengua y del habla respectivamente; señala Trubetzkoy: “Así pues, cierto contacto entre la fonología y la fonética es, a pesar de su independencia básica, inevitable y absolutamente necesario. Pero este contacto sólo debe tener lugar en los comienzos de la descripción fonológica y fonética, y debe, además, limitarse a lo estrictamente necesario” (p.13). No es novedosa, por ejemplo, la identificación del fonema como unidad mínima distintiva de la lengua -el propio Trubetzkoy admite el esfuerzo de investigadores precedentes (Julius von Laziczius, Courtenay, Daniel Jones, W. Freeman Twaddell, A. W. de Groot) al respecto-; sin embargo, la relevancia de la propuesta de Trubetzkoy se fundamenta en la recurrencia a una caracterización estrictamente funcional, diferencial, lingüística, y no psicológica del fonema como una matriz de rasgos diferenciales.
      Ese énfasis en la nueva distinción metodológica de análisis, en el establecimiento de técnicas estructuralistas para la conmutación e identificación de los fonemas, del valor derivado de la posición relativa que éstos mantienen dentro de un determinado sistema, es lo que conformará la base de los Principios de fonología.
            El libro se estructuró en dos partes o secciones: “Estudio de la función fónica distintiva” (pp. 27-246) y “Estudio de la función fónica delimitativa” (pp.247-271). La primera parte contiene siete capítulos: 1) Conceptos fundamentales; 2) Reglas para la determinación de los fonemas; 3) Clasificación lógica de las oposiciones distintivas; 4) Sistemática fonológica de las oposiciones fónicas distintivas; 5) Tipos de neutralización; 6) De la estadística fonológica. La segunda parte está conformada por cinco capítulos: 1) Observaciones preliminares; 2) Signos demarcativos fonemáticos y afonemáticos; 3) Signos individuales y signos grupos; 4) Signos demarcativos positivos y negativos; 5)Empleo de los signos demarcativos.
         Daremos especial hincapié al cuarto capítulo de la primera parte, llamado Sistemática fonológica de las oposiciones distintivas (pp. 81-207), puesto que, antes de dicho capítulo, los puntos de vista y los principios de clasificación adoptados por Trubetzkoy no son de exclusividad fonológica, sino que pueden ser válidos para los sistema de oposiciones en general.
         Será a partir de dicho capítulo cuando el autor restrinja aún más su campo de disertación teórica, para establecer oposiciones estrictamente fonológicas en la distinción de frases (oposiciones sintácticas) y palabras (oposiciones lexicales) en el sistema de una lengua. “Esta clasificación tiene, sin duda, importancia para los sistemas fonológicos de las distintas lenguas” (p.81).
        A su vez, el capítulo cuarto se divide en seis subcapítulos: i) Observaciones preliminares; ii) Clasificación de las particularidades fónicas distintivas; iii) Particularidades vocálicas; iv) Particularidades consonánticas; v) Particularidades prosódicas y vi) Los elementos distintivos anómalos.
       En primera instancia, Trubetzkoy clasifica las particularidades fónicas distintivas teniendo como premisa básica la identificación de los conceptos de “vocal” y “consonante”. Aclara que las particularidades estrictamente consonánticas están vinculadas con las distintas formas de obstaculización o “franqueamiento” en su ejecución, mientras que las estrictamente vocálicas carecerían de tales obstáculos, estando determinadas por los “grados de apertura o de plenitud vocálica” en la fonación. Asimismo, es posible encontrar una “coordenada cualitativa” para algunos fonemas vocálicos o consonánticos, las llamadas “particularidades de resonancia”.
       Al analizar las particularidades vocálicas de distintas lenguas, encuentra que existen diversos grados de apertura que determinan tres sistemas vocálicos diferentes: a) sistemas lineales; b) sistemas cuadrangulares y c) sistemas triangulares –como el del español-. Estos sistemas pueden, además, subdividirse en clases y grados.
     Ahora bien, es posible establecer subtipos de particularidades vocálicas referidas al contexto fónico de aparición, lo que Trubetzkoy define como “particularidades de localización o de timbre”. También llega a detallar otra serie de particularidades: resonancia (nasalidad) y turbiedad en las vocales.
       Una vez examinado el repertorio del sistema fonológico vocálico, pasa entonces a describir las mismas particularidades de localización, franqueamiento y resonancia en los fonemas consonánticos y, antes de concluir con el tema de la Sistemática fonológica de las oposiciones fónicas distintivas, examina las particularidades prosódicas de los “centros silábicos” “monofonemáticos” y “polifonemáticos”, para finalizar con el inventario prosódico que distingue la entonación, acentuación y pausa en las frases.
      Es de hacer notar que Trubetzkoy utiliza, a partir de este cuarto capítulo, términos ya no puramente lógicos, sino acústicos y articulatorios: fonéticos. No obstante, plantea que vocal y consonante son conceptos de la fonética clásica o moderna que abordará “algo esquematizados y simplificados” (p.82), ya que el fonólogo no debe plantearse dificultades terminológicas estrictamente fonéticas, sino “hacer una revisión sistemática de las particularidades fónicas utilizadas realmente en las distintas lenguas del mundo para diferenciar las significaciones” (p.82). Sobre este punto menciona Emilio Alarcos Llorach: “Hay que tener presente la diferencia entre fonología y fonética, aunque en la práctica fonológica se utiliza, para simplificar, la terminología fonética” (1976: 54).
     La exhaustiva clasificación y subclasificación de los sistemas, clases, grados, tipos y subtipos antes mencionados, responde a los criterios fonológicos segmentales y suprasegmentales funcionales de la escuela estructuralista europea.
       Visto en su contexto histórico, Principios de fonología plasmó, de esta forma, un estudio de los sonidos desde una perspectiva novedosa, al enfocarse en el significado que los sonidos poseen dentro del sistema de una lengua y al proponer, entre otros conceptos igualmente relevantes, el término de rasgo distintivo; un concepto o término que ha trascendido el ámbito de lo estrictamente fonológico para ser, posteriormente, reelaborado por distintas disciplinas como la semiología, la semántica y la antropología durante el siglo XX.
       Por todo ello, no dudamos en calificar a Principios de fonología como una obra clásica de obligatoria y necesaria consulta en los estudios lingüísticos contemporáneos.


Referencias Bibliográficas

Alarcos Llorach, E. 1976. Fonología española. 4ª ed. Madrid: Gredos.
Anderson, Stephen R. 1990. La fonología en el siglo XX. Madrid: Visor.

miércoles, 23 de febrero de 2011

El texto como unidad mínima de análisis

Msc. Luis Cuéllar


   Debido a la multiplicidad de perspectivas y al número de propiedades que pueden observarse en su descripción, los textos han sido desde tiempos lejanos motivo de análisis para los investigadores del lenguaje. Los antecedentes en su estudio se remontan a miles de años atrás, y en este sentido, por ejemplo, el interés por preservar formas lingüísticas populares favoreció, cinco siglos antes de Cristo, el análisis gramatical y fonético de textos religiosos en la India o el reconocimiento y evaluación de las funciones estético-persuasivas de los textos literarios por parte de la poética y retórica clásicas grecorromanas. Sin embargo, a pesar de que la herencia gramatical, filosófica y filológica de esas culturas se extendió durante la Edad Media, el Renacimiento e incluso hasta los tiempos modernos (Arellano, 1979), el abordaje del texto como primordial unidad de análisis lingüístico sólo se lograría consolidar a partir de la segunda mitad del siglo XX (gracias al auge que cobraron los estudios del discurso en Francia a mediados de los años sesenta y al advenimiento de la Lingüística del Texto desde la década del setenta).

   A partir de entonces se empieza a cuestionar la marcada orientación estructuralista cuyas fronteras no iban más allá del análisis oracional. Las nuevas investigaciones que surgieron a partir de ese período reconfigurarían el centro de interés hacia el texto como acontecimiento de acción e interacción humanas. Con el arribo de la Lingüística del Texto se superaron las restricciones teórico-metodológicas de la lingüística estructural y de la gramática generativa (orientadas éstas últimas al conjunto de reglas que subyacen en un sistema, independientemente del uso o de los aspectos pragmático-comunicativos). Sin duda, ese cambio de orientación estuvo influenciado por el carácter interdisciplinario de algunas ciencias interesadas en establecer modelos socio-cognitivos alrededor de los textos; de esta forma, la psicología social, la pedagogía didáctica, psicología cognitiva, sociología, jurisprudencia, psiquiatría, entre otras, empezaron a reflejar la riqueza de los datos provenientes del contexto comunicativo humano. Poco a poco, entonces, se reconoció el valor de estudiar a los textos en sus respectivos ámbitos específicos, esto es, en su natural contexto de producción y recepción. Este impulso cobró más fuerza en la época actual, cuando se hizo patente el aporte de las ciencias del lenguaje para comprender mejor las relaciones profesionales y laborales en la sociedad (Payrató, 2003).

   En definitiva, se reformuló el anclaje teórico sustentado en la abstracción idealizada del sistema por una revisión del contexto de situación o, en términos de una semiótica social, «por el modo en que el lenguaje cotidiano ordinario transmite los modelos esenciales de la cultura» (Halliday, 1982: 72). A raíz de las investigaciones que tomaron curso con la Lingüística del Texto, se evidenció la necesidad de definir y delimitar ciertos principios constitutivos de la comunicación textual.


Referencias: 

Arellano, F. (1977). Historia de la Lingüística. Tomo II: Bajo el signo del estructuralismo. De Saussure a Chomsky. Caracas: UCAB.

Halliday, M.A.K. (1982). El lenguaje como semiótica social. México: Fondo de Cultura Económica.

Payrató, L. (2003). De profesión lingüista. Panorama de la lingüística aplicada (2a. ed.). Barcelona: Ariel.

jueves, 17 de febrero de 2011

¿Es posible una lingüística científica que no tenga que someterse a los principios de la epistemología estándar?

Msc. Luis Cuéllar

  La respuesta no es sencilla, sin embargo, los enfoques de los desarrollos científicos más recientes en la física moderna, dejan entrever la posibilidad de abordar otras disciplinas o áreas del saber humano a través de nuevas vías epistemológicas, ya no regidas por el método axiomático-deductivo de la ciencia estándar. Para ello, los lingüistas deben estar en capacidad de asumir una concepción distinta sobre su objeto de estudio: el lenguaje, bajo una óptica alternativa y diferente que posibilite replantear los tradicionales paradigmas científicos estructuralistas.

  Se trata de escudriñar en las complejidades de fenómenos hasta hace poco incomprendidos y que sólo, a la luz de las reformulaciones teóricas de la ciencia moderna, comienzan a vislumbrar una lectura válida en la descripción de comportamientos aparentemente inestables o azarosos en la lingüística.

  Una de las principales preguntas que surgen a raíz de este giro epistemológico (giro promovido, principalmente, por los estudios del falsacionismo, el azar, la relatividad, la mecánica cuántica y las teorías del caos en el siglo XX) es aquella vinculada a la aproximación de los objetos complejos en la ciencia de la naturaleza. Si la lingüística ha seguido muy de cerca el avance de dichas ciencias (aplicando, en muchas ocasiones, sus principios y leyes para resolver problemas que, aparentemente, no tendrían solución con las técnicas desarrolladas por la propia lingüística) ¿por qué no habría de considerar los revolucionarios métodos que proponen estas ciencias para evitar la idealización o reduccionismo metodológico de fenómenos complejos?

  Si bien es cierto que en el pasado la ciencia estándar no contaba con medios de aproximación a dichas complejidades -lo cual determinó una concepción científica basada en el rigor, precisión, determinación y predictibilidad de hechos simples y cuantitativamente medibles-, en la actualidad ha podido aplicar a las situaciones aleatorias e indeterminadas, un análisis cualitativo que redunda en un nuevo proceso creativo de hacer y teorizar en ciencia. ¿Por qué entonces no suponer que, desde una vía alternativa, no determinista ni reduccionista, fenómenos complejos, dinámicos y abiertos, podrían ser igualmente abordados para lograr una aproximación científica de aspectos como la gramática del texto o la creatividad lingüística?

  Tal posibilidad radica en la capacidad de afrontar el estudio del texto desde una posición global y desde una teoría de la diversidad cualitativa, así como de la innovación e intercambio entre las condiciones que hacen operativas las dificultades empíricas y teóricas de la lingüística del texto.

  Sin duda, las manifestaciones reales, patentes, en el análisis del texto como objeto de estudio, no llegaron a ser consideradas por la Gramática Generativa u otras corrientes lingüísticas, quizás por ese rasgo natural o concreto que se oponía al criterio abstracto e idealista del análisis sintáctico oracional. No obstante, nadie podría discutir el grado de adaptabilidad, amoldamiento o adecuación de la Gramática Generativa como disciplina científica que ha demostrado flexibilidad ante las reformulaciones y críticas epistemológicas. Vale la pena acotar al respecto, lo siguiente: Noam Chomsky ha demostrado a través de una constante evaluación y revisión, que la Gramática Generativa posee una capacidad de predicción capaz de hacer factible la falsación de ciertos principios de su teoría, mas no de toda la teoría en sí, lo cual la haría partícipe del grupo de características que conforma a toda ciencia estándar. De ahí que las críticas que se puedan hacer al generativismo, deben partir de un campo que no es estrictamente lingüístico, sino más bien del campo de la psicología cognitiva (aspecto éste que siempre aclaró el propio Chomsky a la hora de definir su objeto y metodología de estudio; claro está, una mente tan acuciosa como la del autor de Estructuras Sintácticas no negaría jamás que existen otros temas dignos de ser abordados por los investigadores del lenguaje).

  Por otra parte, dar el salto de la oración al texto, suponía estudiar una serie de indeterminaciones ligadas precisamente a la conflictividad de no contar con una teoría sólida de las tipologías textuales y sus correspondientes contextos de uso. Tampoco podríamos asegurar que una teoría de la tipología textual se evidencia en la actualidad; sin embargo, investigadores como Enriquez Bernárdez (1995), autor de la obra aquí reseñada, plantean, a través de un enfoque cognitivo, una discusión sobre la posibilidad de sistematizar modelos gramaticales para el texto y similares a los de la metodología aplicada en la construcción de modelos fonológicos, morfológicos y sintagmáticos oracionales, es decir, modelos universalmente aceptados como para el caso de la Gramática Generativa.

  La manera más técnicamente adecuada para acceder a esta gramática del texto, y lograr que adquiera la categoría de científica, estaría ligada a los nuevos hallazgos del estudio general de los procesos, de la Teoría de la Acción o de la Teoría de las Catástrofes. Esta última teoría, la caología creada por René Thom, parte no de precisiones predictivas, lo que a primeras luces evidencia una imposibilidad de estudiar el texto según los principios o características de la Gramática Generativa, sino de campos de indeterminación y de procesos mentales subyacentes en la información producida por los textos en ámbitos específicos, reales y concretos. La idea es poder describir el dinamismo de las variables internas de un texto y sus respectivas variables externas, lo que, al contrario de la estabilidad estructural de los sistemas estáticos (por ejemplo, el sintagmático oracional) supone una ambigüedad estructural que sólo podría ser equilibrada con prototipos o estereotipos de situaciones comunicativas dadas. Precisamente porque el texto es un objeto fundamentalmente continuo que propicia estados de procesos graduales y no lineales en su construcción e interpretación, la Teoría de las Catástrofes ha venido a intentar resolver su complejidad a través de enfoques cualitativos y probabilísticos.

  Podríamos señalar, entonces, que el texto (entendido como el resultado de un proceso creativo en el uso del lenguaje) no se apega a los métodos tradicionales capaces de establecer predicciones exactas, pues, desde el instante en que el contexto interactúa con las variables internas, el equilibrio o estabilidad estructural del sistema se fractura. Sin embargo, es importante aclararlo, los sistemas dinámicos y abiertos, generalmente llegan a alcanzar un estado de equilibrio por encima de las alteraciones catastróficas, es decir, precisan de sistemas de auto-regulación por medio de la coherencia y cohesión discursiva como estrategias para mantener la progresión temática y el proceso comunicativo global de todo el texto. Quien más se ha acercado a esta realidad, es la Lingüística Cognitiva, precisamente a través del estudio del lenguaje centrado en la Teoría de las Catástrofes.

  Valdría recordar, llegado a este punto, los planteamientos de Gerald A. Sanders (1980) sobre la crítica que se hace a la investigación y explicación lingüística contemporáneas: aquella que se opone a la idea de que no puede haber grandes progresos en la investigación lingüística sino es bajo la supeditación a otras disciplinas (por ejemplo, la psicología cognitiva). No queremos decir con esto que apoyamos criterios reduccionistas para estudiar fenómenos del lenguaje; lo que planteamos, como Sanders, es que la lingüística está llamada a analizar con detenimiento sus propios niveles de explicación antes de darlos por agotados e infranqueables.


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

COHEN, D. (1980). Explicación del fenómeno lingüístico. (Introducción de G. A. Sanders)
México: Trillas.

BERNÁRDEZ, E. (1995). Teoría y epistemología del texto. Madrid: Cátedra.